domingo, 11 de mayo de 2025

Una corta reseña para "Easy Ryder" de Dennis Hopper.

 Iskra presenta:



Proyección #3 del ciclo.
Proyección #26 de Iskra.

 

Easy Rider.
Dirección: Dennis Hopper, más colaboradores.
Guión: Tennis Southern.
Duración: 94 minutos/2 H, 03 Min.

País: Estados Unidos.
Año: 1969.

 

Argumento:

Dos jóvenes de Los Ángeles no se identifican con el encierro de estar en la ciudad, de estar en un lugar. Toman motocicletas y emprenden un viaje hacia Nueva Orleans, pero las carreteras andadas los inducen a querer conocer todas las carreteras de los Estados Unidos. Conocerían varios lugares, varios modos de ser de éste país. Película en donde aparece la ruta 66 nombrada en una obra literaria que influenció el género de Road Movie.

 Reseña:

“Estos últimos años se han carecterizado por un milearismo invertido en el que las premoniciones del futuro, ya sean catastróficas o redentoras, han sido sustituidas por la convicción del final de esto o aquello (el fin de la ideología, del arte o de las clases sociales; la crisis del leninismo, la socialdemocracia o el Estado del bienestar, etc., etc.): tomados en conjunto, todos estos fenómenos pueden considerarse constitutivos de lo que cada vez con mayor frecuencia se llama posmodernismo. (…) El catálogo de sus sucesores presenta, pues, un aspecto empírico, caótico y heterogéneo: Andy Warhol y el pop art, pero también el realismo fotográfico y, más allá de él, el «neoexpresionismo»; en música, la impronta de John Cage, pero también la síntesis de estilos clásico y «popular» que encontramos en compisitores como Phili Glass y Terry Riley, e igualmente el punk y el rock de la nueva ola (…) en cuanto el cine: Godard y el postgodardismo, así como el cine y el video experimentales”.  El posmodernismo o la lógica del capitalismo tardío. 1991. p. 10

“Cuando el futuro se presenta amenazador e incierto, queda la retirada sobre el presente, al que no cesamos de proteger, arreglar y reciclar e una juventud infinita. A la vez que pone el futuro entre paréntesis, el sistema procede a la “devaluación del pasado”, por su avidez de abandonar las tradiciones y territorialidades arcaicas e instruir una sociedad sin anclajes, ni opacidades; con esa indiferencia hacia el tiempo histórico  emerge el “narcisismo colectivo”, síntoma social de la crisis generalizada de las sociedades burguesas, incapaces de afrontar el futuro si no es en la desesperación”. Lipovestsky. G. La era del vacío. Ensayos sobre individualismo contemporáneo, 1986. p.51. 

 
“(…) la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza, no habla de lugares comunes, sino que arde, arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un « ¡Ahhh!» ¿Cómo se llamaban esos jóvenes en la Alemania de Goethe?”. El Camino, Jack Kerouac. p. 19.

Jack Kerouac en contra del intelectualismo; romper el encerramiento triste que exige el escritorio e irse tras la apertura de ir en el encontrarse, desde el perderse en lo laberintico, la fascinación de encontrarse sin saber dónde se encuentra, sin saber que en un instante, la naturaleza nos dona que lo que hacemos en lo cotidiano es una parte pequeña de la totalidad de lo que existe. Rechazar el acumular porque preocupa todo el tiempo. Lo pretensioso es lo falso, lo que está dado por la dinámica del poseer, lo que hace; los que pierden y los que ganan. Los que pierden, los innombrados en querer ir más más allá del allá, ir hacía el detrás del horizonte, percibirse liviano, seguir porque «La libertad es ir sin saber dónde llegar». El vagabundeo es la vitalidad, sentir el mundo como transparente desde la imprevisibilidad del caminar sobre caminos que no están hechos, lugares que no son de comodidad y que por ello mismo no se despierta el querer ingresar dentro de la apertura misteriosa de la apertura de lo natural. 

La experiencia del desierto para los Estados Unidos, del lejano oeste como se ha mencionado, en las reseñas anteriores de éste ciclo, es el sentido de fundirse con lo misterioso de lo que existe. Cuando se va dentro de lo desconocido obviamente lo misterioso, y el estar en lo desértico, la experiencia de que todo sin nombrarse es el encuentro consigo mismo; la suspensión de juicio, que el preocuparse por pensar no se perciba y el encuentro consigo mismo sea. Esta manera experimental mística tiene una explicación, cuando los cristianos colonos ingleses decidieron desplazarse desde el este hacia el lado contrario, lo llamaron el lejano oeste. Lejano como aquella insinuación, percepción animada de encontrar lo extraño, lo misterioso; como lo paradisiaco. Quedó éste mensaje por ésta experiencia, lo contrario a ello; como el cristianismo que logró afirmarse en éstos territorios, fue el cristianismo de poseer, privatizar las propiedades de la naturaleza como beneficio y premio; el que infunde los valores del desarrollo del capitalismo, desplazó con base en la violencia a comunidades, sociedades indígenas complejas que siendo así, en desplazamiento, enseñarían a quienes habían llegado del este, pero se asumían en el vagar, como errantes y que no compartían los valores del cristianismo fundante de la reproducción de los valores del capital, aprendieron que lo inhóspito de la naturaleza era más que el encerramiento del cumplir para poseer.

Las películas
Western en principio, mostraban la épica de la conquista del lejano oeste del indio como objeto para dominar pero como toda invención ideológica dominante, se le rebela otro modo de contar la historia, en éste caso la de los vaqueros, de los Cowboys no serían la excepción. Cuando  Dennis Hopper le comenta a Peter Fonda hacer una película en donde sea como Centauros en el desierto  de John Ford, la pretensión es la de mostrar un Western  para la década de los 60s. La posguerra, como las invenciones técnicas en el cine provenientes de Europa y la URSS, hacía que Estados Unidos se sintiera alejado de aquellas invenciones que sentaban la identificación de las problemáticas, preguntas, respuestas imaginadas desde los receptores del cine, la población haciendo cine. Las productoras cinematográficas Estadunidenses aún se mantenían en las propuestas narrativas de los grandes héroes desde apuestas moralizantes, de que era la sociedad estable, simbólicamente bella en constante, donde el capitalismo, el American way life; trabajo, consumo era igual que libertad individual feliz, el mejor de los mundos posibles. Vietnam se había perdido, jóvenes muy bien acomodados, decidieron no participar en ésta guerra. Henry D. Thoureau se consideró un ejemplo de cómo decir no, al igual que la generación Beat en la literatura, las preguntas de cómo ser en distinto a una sociedad que en su planteamiento de que todo estaría bien todo el tiempo, se fueron en práctica con la pretensión de ser libres sin importar las consecuencias, el Hippismo. Una de estas consecuencias, caso ejemplo, unas décadas después, en la década de los noventa, hijos e hijas sin padres y madres porque el amor libre mal concebido para muchos, llevó a la creación del Grunge. La tristeza, la soledad, el agotamiento por las preguntas de cómo ser diferentes ante la imponente y no cambiable de fondo sociedad Estadunidense, estaban inscritas en sus letras.      

Cuando aparece
Angeles salvajes de 1966 de Roger Corman, los jóvenes se ubicaron, identificaron con la película, era una rasgadura a los valores moralistas de la mayoría de la población adulta de los Estados Unidos. Unos moteros, yendo y viniendo desesperadamente, robando, hurtando para mantenerse en el ir por las carreteras, fue un identificarse en totalidad cuando el cine era la única pantalla en donde se esperaba lo diferente. Muchas personas no la estaba llevando bien, e ir por las carreteras era la mejor opción. En esta película estaba Peter Fonda aparecía como aquel Cowboy  errante como en las pocas películas críticas al género del Western. De allí, la idea desde Dennis Hopper de invitar a John Fonda de hacer una película que trasgrediera desde colocar la cámara como vehículo que narrara el ir por las carreteras. La hechura de la película fue dada en perplejidades, tensiones, contradicciones. La época en que abiertamente el decidir la individualidad ante el aprendizaje de la primera y segunda guerra mundial, el no estar dentro de una hegemonía desde otra hegemonía, lo no hegemónico usual de la afirmación de la contradicción de La ley es que no hay leyes llevó al consumo desmedido, experimental de narcóticos, sustancias psicotrópicas, a la vez, la pregunta sobre el buen consumir, cuando de fondo en territorios latinoamericanos, de periferia del medio oriente, Asia, se enfundaban  conflictos de distintos matices al producir los insumos naturales necesarios para éstos narcóticos. La película en varias escenas fueron creadas bajo estos efectos, no solo de los actores, sino de todo el equipo de producción por ende la dificultad para hacerla, y la sensación de trip movie. La película se hizo un hito, era John Fonda el mismo de Ángeles salvajes pero en una sociedad en donde se hacía en llamas, pues si bien el Hippismo estaba en auge, dentro de él existió movimientos políticos interesantes de reivindicación; la raza negra, mujeres, sexualidad, comunidades indígenas, otro sistema económico para los mismos Estados Unidos. En Easy Rider se muestra a estos movimientos en decadencia, de que algo falló dentro de estas propuestas y si bien se mantenían en el dar la respuestas, el seguir haciendo las preguntas era más difícil, tal como lo nos muestra final.

 

Enrique Murcia.

Cineforo Iskra.

 

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