domingo, 25 de mayo de 2025

Una corta reseña de una película de Bill Wilder.


«ISKRA»
Presenta:
Ciclo: Cine dentro del cine. 

Proyección #1 del ciclo. 

Proyección #29 de Iskra.

Iniciando el ciclo con:

El crepúsculo de los dioses.

Dirección: Bill Wilder, más colaboradores.
Guión: Charles Bracket y Bill Wilder.
Duración: 1 hora y 50 minutos.
País: Estados Unidos.
Año: 1950.


Reseña:

Si el expresionismo alemán está relacionado con una inevitable crítica hacía la estructura de manutención de aquellos sistemas económicos (en plural puesto que se repiten en la historia de la humanidad) que provienen de intensificar la contradicción de la explotación, objetivación de los atributos humanos, de muchas, distintas maneras de la conciencia. Por defender, mantener los privilegios de una clase que parasita en la dominación de ésa explotación. Es posible afirmar entonces, que el cine noir o el cine negro es un profundo eco, consecuencia del expresionismo alemán, del Trauer-spiel alemán, es lo que como niebla va yendo en la soledad de las nocturnas calles de las grandes ciudades. No solo en de la sociedad norteamericana de la década de los 40s, sino en la mayoría de las ciudades de la sociedad mundial occidental. El cine negro somos aquellos, son los «otros» que pierden casi absolutamente todo por buscar, estar, seguir la verdad. Quienes la descubren tragedia manifiesta en todos los actos, puesto que la retórica de manutención del mundo así lo hace. El sostén del mundo es mentira. Ser alguien es la condena al no conseguir lo que la sociedad busca de nosotrxs. Aturdida ciudad por sus exigencias. El "éxito" es una manzana dorada en oscilante caída, colgada en el ganar. Con ello, la selección de quienes son un puente útil para alcanzarla. Elección que excluye, deshila la confianza, gotea y hace la marginalidad. Quien desea encontrar algo que lo arranque de la miseria, de la pobreza, puesto que ello significa estar, caminar lentamente, en quietud en la luctosidad. Escapar de lo luctuoso que impetuosamente sin tocarse, puede estar en un poco más de la media noche en cada esquina de cada calle, dentro de un edificio. Velo que se expande, anieblada fría, acariciada por el abandono, la soledad de nosotros, hacía nosotros. El cine noir, es una crítica directa frente a las ideas promulgadas por una democracia en estabilidad, garante de la posibilidad de ser o estar en la felicidad en sociedad. Sociedad que expandida, se expande más; apartándonos de nosotros mismos, al saber que no se sabe cómo ser, o quien ser, puesto que la conciencia confundida, en falta de objetividad porque la privatización de las propiedades de la realidad; la naturaleza, están podridas por la enajenación de acumular, de poseer, porque el placer, el disfrute es una falsa felicidad que aun intuyendo que es así, se continua ejerciendo porque no hay posibilidad de experimentar esa otra felicidad que nos acude todo el tiempo en ser cierta”.

«Todos los hombres por naturaleza desean saber. Señal de ello es el amor a las sensaciones. Estas, en efecto, son amadas por sí mismas, incluso al margen de su utilidad y más que todas las demás, las sensaciones visuales». (Aristóteles, Metafísica 1, 1, 980b25. Trad. Calvo 1994).

«El cine permite vivir todas las vidas. Despierta el único e irrepetible deseo de cada quien con el matizado de todos esas vidas vividas. Nos prepara para la vida, nos hace conocer qué es la vida».  

«Es aburrido ver a alguien entrar en una casa por la puerta. Es mucho más interesante cuando alguien entra por la ventana». Bill Wilder.

Cuando se evoca a Bill Wilder, es tender unas de las cuerdas más importantes del cine, sino la más importante; la inteligencia ¿Qué tipo de inteligencia? La de mostrar la constante crisis de la sociedad de los Estados Unidos, lo que se expresa por su estructura económica. La corrupción, la mentira, preponderar la apariencia de ascender dentro de los escalones de la sociedad capitalista como necesario ante el inevitable no salir de lo falso del vivir era la denuncia de sus películas, el mostrar tal cual cómo era la sociedad a la cual él quería pertenecer, a la que perteneció pero criticándola, que a la vez, desde ésta misma, la posibilidad de hacer recordar la brillantez no solo de momentos hermosos provenientes de la naturaleza, que expresa en su recóndito, desde sus cosas que pueden coincidir unas con otras para rasgar el velo de lo falso, y así, hacer aparecer lo bello lejano desde el presente. Asunto que quedaba obviamente para al receptor de sus películas.

Las estrategias de sobrevivencia de cada quien para tratar al otro no como un otro para aprender de las inevitables preguntas que nos sugiere todo el tiempo cada cosa de nuestra realidad para compartir lo maravilloso del vivir, sino como un medio para lograr el fin; ser exitoso, famoso o mejor que los demás, son puntos que toca Bill Winder en su cine. En este caso en Sunset Boulevard es la historia de quienes en las grandes mansiones de Hollywood generaron grandes ganancias de la noche a la mañana, desorbitantes ganancias, pero decidiendo consciente o inconscientemente, el olvidar otras formas de ser como humanidad. Para quienes lo decidían conscientemente, la imposibilidad de encarar la mentira pues la estructura estaba en todo, todo lo encerraba. Quienes juraban cambiar la estructura económica desde el cambiar sus valores, desde su adentro, sin saberlo se convertían en lo que nunca esperaban ser; mirarse al espejo desde el recuerdo de ese otro que los enviaban en ser distintos. Ese cine es el de Bill Wilder, el que nos invita en mostrarnos esa crisis constante, en donde lo bello de las cosas ocultadas en sus fotogramas tenían la respuesta.

Enrique Murcia. 

Cineforo Iskra.  

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